“Abajo el que suba”: nuestra condena del éxito ajeno, por Ángel Arellano

24/ 08/ 2015 | Categorías: Destacado, Sobre libros

felipe gonzalezLa lectura de «En busca de respuestas» de Felipe González despierta no pocas inquietudes sobre los marcados vínculos entre España y lo que una vez fue la América española. En sus páginas, el ex presidente español hace referencia a un elemento recogido en bibliotecas enteras: nuestra costumbre de condenar el emprendimiento, criticar al atrevido, al que rompe esquemas y es exitoso. Reprobamos el éxito ajeno, rasgo de la herencia colonial. Testamento que obtuvo la tribu en la que habitamos.

Relata González: «Todos sabemos que en España un fracaso equivale muchas veces a un desastre vital, que no tiene vuelta atrás. Como decía el joven Larra: “En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos”. De hecho, aquí no sólo se aparta a los que fracasan una vez, sino que incluso se sigue apartando también a los que tienen éxito. El viejo Omar Torrijos me dijo hace más de treinta años: “He estado dos veces en España y tendríais que cambiar el lema ése que veo en los cuarteles de la Guardia Civil, ese de ‘Todos por la Patria”. “¿Por cuál?”, le pregunté con curiosidad. “En España tendríais que poner: ‘Abajo el que suba’, que eso sí que os identifica”. Si alguien tiene éxito, ¡a por él! ¡Qué gran verdad, pero cómo duele!».

Releer estas palabras recogidas por la experiencia de un hombre que por muchos años dirigió la emergente democracia española, sugiere una reflexión sobre cómo los latinoamericanos castigamos al exitoso. De sus errores hacemos una eventual fiesta, y sus avances, aun cuando sean cuantiosos, estarán siempre a la sombra de cualquier detalle negativo. La crítica destructiva ha tenido prioridad.

Oswaldo Romero explica que «si somos así es porque lo hemos aprendido. Y así como fuimos capaces de aprender (nuestras costumbres actuales)… de la misma forma podemos aprender otras actitudes y otras conductas». Por tanto, la condena a los exitosos es una característica sensible a modificaciones. La herencia no puede, o no debe, ser eterna. Para que los nuevos (y mejores) patrones culturales permeen la sociedad requieren de un ejemplo vigoroso desde las élites. Éstas, coexisten en las vitrinas que observa la población, son un punto de referencia que alcanza a todos los rincones de la sociedad. Un camino distinto exige un comportamiento distinto, una conducta orientada hacia la innovación, hacia la premiación del esfuerzo.

En Venezuela, la herencia colonial, el rentismo petrolero y el particular manual de estilo, que glorifica a las novelas televisivas, los concursos de belleza y a la viveza criolla que no responde a leyes, reglamentos ni autoridades, configuran un gran peso para esta transformación. No obstante, las sociedades que aspiran avanzar deben someterse a estas transformaciones que no suelen estar enmarcadas en climas de optimismo y felicidad. Alberto Rial en «La variable independiente» defiende que «Venezuela no es un país rico. Las naturalezas y los recursos territoriales no significan mucho si la gente no se desarrolla y prospera. La gente es capaz de botar cualquier naturaleza por la ventana, a menos que aprenda, mejore y se tecnifique».

Sigue Rial: «El sistema de valores de los venezolanos, como cualquier atributo adquirido y no innato, es susceptible de modificaciones, dadas unas condiciones favorables y un adecuado proceso de cambio». En Venezuela y en Latinoamérica la visión historicista de los legados culturales, que casi siempre terminan retrotrayendo a los tiempos de la colonización, debe ser superada. En el caso de nuestro país, imbuido en una crisis sin parangón, la costumbre de sancionar moralmente la innovación y criticar el éxito ajeno requiere reformas.

Somos responsables de nuestro fracaso y parte del fracaso es voltear la mirada mientras existen empresas, profesionales independientes y ciudadanos comunes que están teniendo éxito o que aspiran tenerlo a pesar del deplorable ambiente económico-político-social representando una importante alternativa de cambio. Más que víctimas, hemos sido fiadores de la crisis cultural. No dejaremos de serlo por achacar culpas a factores externos o a los antecedentes históricos. Heráclito de Éfeso (535-484 a. C.) lo ha resumido en una frase que supera la distancia de los años: «No debemos conducirnos como niños alimentados con la estrecha mira que se expresa en la frase “así nos llegó a nosotros”».

 

@angelarellano
www.angelarellano.com.ve

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