Rafael BOLÍVAR


1859 - 1900

Cuentista, poeta y escritor costumbrista. Nació en Cagua y murió en Villa de Cura. Fundó los periódicos La Unión Liberal (1894) y la Voz de Miranda. En su carrera política ocupó diversos cargos públicos. Sededico a la literatura a partir de 1893, sín abandonar la actividad política.

BIBLIOGRAFÍA
  • Guasa pura.
    Tip. Soriano sucesores, Caracas, 1895
  • Cuentos chicos.
    Tip. Cosmo, Caracas, 1912

«Desde el punto de vista literario, me debe usted estudiar con algún detenimiento y tratarme con guantes de seda, porque yo tengo mucho de meregoto y ni olvido ni perdono. Debe usted de decir, por lo menos, que yo soy un telentazo que me pierdo de vista, que yo soy el jefe del criollismo en Venezuela, que tengo un estilo propio, fácil, sencillo, sobrio, ameno, pintoresco, lleno de vigor y de colorido. En fin, que no quede con adjetivos, y agregue usted que mi libro Guasa Pura es lo que llama un escrito, que aunque no fue premiado por la Academia, lo premió el público, ciudadano que sabe más que todos los clásicos juntos, y cierre usted el plieque diciendo que los libros que tengo escritos y los pensados, son otros tantos éxitos inéditos... Con eso creo que basta».

Nº 123 01/02/1897.


SUMARIO
  • Las Tarjetas (1895, p. 264)
  • ¿Qué es el criollísmo? (1896, p. 20)
  • Cuelgas y plagios (1896, p. 934)
  • Los vigilantes (1897, p. 71)
  • Carta autobiográfica (1897, p. 119)
  • Más ¡Chocolate! (1897, p. 364)
  • Nacer de pies (1897, p. 528)
  • El último idilio (1897, p. 548)
  • El Gañan (1897, p. 642)
  • La negra (1897, p. 850)
  • Los hombres de influencia (1897, p. 890)
  • Ya no era tiempo (1898, p. 117)
  • ¡Tomero! (1898, p. 487)
Sobre Rafael Bolívar:

Rafael Bolívar (Carta Autobiográfica al Señor don Biógrafo Titular de El Cojo Ilustrado), 1897, p. 119.

Los vigilantes

o voy á hablar de las dignidades masónicas que llevan este nombre y que muy gravemente, mallete en mano, acompañan al Venerable Maestro á abrir y cerrar los trabajos de rúbrica en las logias adscritas al antiguo rito escocés; ni de esos empleados de las vías férreas, que recorren la línea constantemente y anuncian, valiéndose de una banderola, las novedades en ella ocurridas; ni hablaré, en fin, de los vigilantes creados ó que se crearen en todos y cada uno de los ramos en que puedan desarrollarse y dividirse las actividades humanas, no: mis vigilantes, aunque de muy antigua data y aunque representan un papel importantísimo en la vida social, son tipos de otro corte y factura que ejercen su cargo de espías en nombre de la moral doméstica y la honra de la familia.

    El lector, como yo, habrá hecho esta observación, y es: que donde quiera que hay una muchacha en estado de merecer, se encuentra un novio, y donde existen estos dos tipos, hállanse también dos ojos de Argos, que siguen con mirada inquisidora y acuciosa los menores movimientos de aquéllos.

     El empleo de vigilante en el seno del hogar es como los gobiernos democráticos, á saber, alternativo, representativo y responsable.

    Es alternativo, porque lo desempeñan, por tandas, desde el dueño de la casa hasta la sirviente de adentro, cuando es de confianza.

    Es representativo, porque siempre se le halla, á cierta distancia de los novios, encarnado en alguna persona.

    Es responsable, porque suele pagar los vidrios rotos, cuando, por un descuido suyo, ó la inocente complicidad de un sueñito, hay que ocurrir á los tribunales de justicia clamando venganza, en nombre de la moral ultrajada.

    Cuando el novio es tonto - y en este caso la tontería debe tomarse como síntoma de buena intención - el vigilante entra y sale, juega al tute, habla poco, fuma y hasta se duerme como un canónigo.

    Cuando la tonta es la novia - y en este caso la tontería es síntoma indiscutible de una demanda por esponsales - entonces el vigilante no se pierde ninguna libertad, se clava en la silla ó en la mecedora como un remache, y aun á la media noche, cuando el gallo rompe en canto sonoro la dulce monotonía del espacio, como dicen los oradores de Navidad, se le ven los ojos más abiertos que los de un vendedor de prendas rodeado de limpiabotas.

    Una abuela cuidando ó vigilando dos novios, me hace el efecto de un crepúsculo de octubre enfrente de dos alboradas de mayo. ¿Qué ideas cruzarán por aquel cerebro ya gastado por los años en vista de aquel acto, de las reminiscencias que él evoca y del recuerdo, en fin, de días mejores!

    Me chocan por modo igual el padre ó la madre de espías ó vigilantes de sus hijas. La defensa, el escudo de la moral tienen otros resortes: son esos, una educación bien rigida, tanto al corazón como al cerebro, pero fundamentalmente sana y religiosa y una noción clara y precisa del honor y del deber, rebustecida por la práctica y el ejemplo asiduos.

    Me son igualmente odiosa la hermana mayor que vigila ó espía á la menor, y ésta, cuando le toca desempeñar esta función. ¡Qué aprenden estas niñas en semejante gimnasia! Picardihuelas, chicoleos cursis y quien sabe si hasta adivina sensaciones de que no tenían ni una idea ni siguiera mediana y á cuyo descubrimiento les condujo un afrase de doble sentido, una mirada insistente, el rozamiento de dos choquezuelas, ó de dos puntas de pies.

    Hay veces que el papel de vigilante lo desempeña un niño; pero desde que se inventaron los caramelos, las galletas y los confites, este chico ha resultado perfectamente inútil para el empleo. Me atrevo á asegurar que no hay una sola demanda por responsables es cuyo origen y fundamento no haya entrado un medio de dulces como factor muy importante.

    Todo esto es odioso é inútil. A la mujer no la pueden salvar de los peligros que la rodean sino una educación sana, religiosa y moral; y es muy triste y doloroso que la honra de la familia descanse toda sobre la fuerza que tenga para ver dos ojos!

    El tiempo que perdemos vigilando, destinémoslo á educar. Este trabajo será más laborioso, pero es más honorable que el otro.

    Yo soy padre de familia: tengo dos muchachas casaderas, y otras dos que lo serán dentro de algunos años; he educado á las primeras de acuerdo con las ideas que aquí consigno y me prometo hacer otro tanto con las segundas. En casa no hay espías ni vigilantes: estos tipos los llevan mis hijas en su cerebro y en su corazón...

    Hoy, que El Cojo Ilustrado en su misión civilizadora y útil, dedica esta edición de lujo á la mujer Venezolana, háganme las familias de mi Patria el honor de leerme y acojan estas líneas con dulgencia.

Rafael BOLÍVAR