Jezabel (Versión original sin censura), de Eduardo Sánchez Rugeles

21/ 04/ 2013 | Categorías: Destacado, Fragmentos de novelas

“¡Lo que hace el tiempo con nosotros! ¡Nuestra identidad a lo largo de los años solo es garantía por el nombre! Habría que cambiarla cada cinco años. Resulta, en verdad, imposible creer que fuéramos quienes hemos llegado a ser”.

Emil Cioran

 

“Los que entren aquí abandonen toda esperanza”.

Divina comedia, Infierno, canto III.

 

jezabel1. La conciencia del hastío

 

Yo no creo en Dios ni en América. Siempre imaginé que el Paraíso y el Infierno eran metáforas infantiles. Nunca tuve curiosidad por conocer el final del cuento. Solo cuando envolví el cañón con los labios y el frío del metal me adormeció la lengua me pregunté por el posible contenido de la muerte. Si el discurso sobre los premios y castigos es verdadero, entonces estoy perdido. Me intimida la posibilidad de un juicio. Mi problema es que tengo la conciencia llena de mierda.

La culpa pide el derecho de palabra. Sé que mi testimonio puede resultar ofensivo para todos aquellos que se empeñan en otorgar un valor a las cosas, para los necios que creen en la buena fe o en la triste leyenda de las dignidades humanas. Solo puedo decir que las circunstancias jugaron en contra. En ese tiempo, todo estaba prohibido, todos los lugares de la ciudad eran peligrosos y todas las personas que tropezábamos en la calle podían tener la intención (manifiesta u oculta) de hacernos un daño irreparable. Estábamos condenados al hastío. Siempre me pareció ridícula la rutina de reunirse en centros comerciales o hacer vida social en Farmatodo. Mis amigas y yo decidimos crear un mundo aparte. Sin pedir permiso, fundamos nuestra propia burbuja. Lo que pasó después fue que la vida se torció… Pero, a fin de cuentas, la vida siempre se tuerce. Cacá se convirtió en una mujer honorable, Lorena se perdió en la moda pasajera de la diáspora y Eliana fue asesinada en circunstancias extraordinarias.

 

2. La historia oficial (los hechos)
La historia oficial es sencilla. Ocurrió hace diez años. El lunes 10 de septiembre de 2012, una semana después de la masacre de los estudiantes de la Universidad Metropolitana, encontraron el cuerpo. La víctima, hallada en el apartamento 5C del edificio Viento Fresco, ubicado en la calle 4 de la urbanización Terrazas del Ávila, fue identificada como Eliana Bloom (18), citaron los periódicos. En tiempo récord de cuarenta y ocho horas, oficiales rechonchos resolvieron el caso. El responsable del asesinato fue el profesor Santiago Arismendi. Abstract: Violación. Homicidio calificado. Indignación tuitera. Cautiverio. Fin. Semanas más tarde, alguna publicación amarillista informó en un recuadro pequeño (sin fotografías) que Santiago Arismendi, condenado por los códigos éticos del patíbulo latinoamericano, desapareció en el infierno de Yare. El linchamiento, sin embargo, fue una noticia irrelevante. Cuando eso sucedió la ciudad había olvidado por completo a Eliana Bloom y al llamado Monstruo de Terrazas del Ávila. La euforia patriotera, el sempiterno debate político, silenció el episodio. Lo que le pasó a Eliana (lo que le pasó a Santiago Arismendi) se perdió en el laberinto de la desmemoria.

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Un Comentario a “Jezabel (Versión original sin censura), de Eduardo Sánchez Rugeles”

  1. Jairo Zurita says:

    Liubliana no tuvo “desperdicio” imaginamos que el joven Rugeles va de nuevo con todo…Ya està en las librerias?

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