La hora impostergable, de Antonieta Madrid

28/ 05/ 2013 | Categorías: Destacado, Opinión

La vida se convirtió en una de aquellas
terribles pesadillas donde uno intenta
huir de cierto horror maligno,
innombrable e informe,
y las piernas se niegan a moverse…
Leonard Woolf
(La muerte de Virginia).

La proyección de la película, “Las Horas”, del director británico Stephen Daldry, basada en la obra homónima (The Hours. Premio Pulitzer, 1999), del escritor norteamericano Michel Cunnigham, que a su vez nos remite a la novela de Virginia Woolf, Mrs. Dalloway, me hizo reflexionar sobre las motivaciones que hubieran podido conducir a Virginia Woolf al suicidio, el día 28 de marzo de 1941, internándose en el río Ouse (Inglaterra), no sin antes haber colocado una pesada piedra en el bolsillo de su abrigo.

Las cavilaciones sobre esta película, sabiamente actuada por Nicole Kidman, en el papel de Virginia Woolf; Meryl Streep, como Clarissa Dalloway y Julianne Moore, caracterizando a Laura Brown, una ama de casa que lee la novela de Virginia Woolf, mientras contempla para si misma la intención de suicidarse, me llevó a buscar en un viejo cuaderno, algunas notas escritas hace algunos años, a partir de la lectura del Diario de Virginia Woolf (Diario de una Escritora, Buenos Aires, Edit. Suramericana), sobre las causas que la llevaron al suicidio…

¿Cuándo acabó la risa y comenzaron las tinieblas? Resulta difícil responder a esta pregunta, pero en el cuaderno encontré:

—Según sus biógrafos, Virginia padecía frecuentes crisis maníaco depresivas y siempre fue renuente para aceptar su enfermedad y más aún para buscar ayuda. Después de concluir cada uno de sus libros, se entregaba a fuertes depresiones que la mantenían en cama por varias semanas. A propósito, su sobrino y biógrafo, Quentin Bell, escribe: “Finalizar una novela siempre suponía un período de peligro para ella” (Virginia Woolf por Quentin Bell, Edit. Lumen, Vol. II, pp. 350—351). Hacía apenas cuatro meses (el 23 de Noviembre de 1940) que Virginia había concluido su novela póstuma, “Between the Acts”.

—La idea de que sería incapaz de continuar escribiendo la obsesionaba. Cuatro días antes de la fatal determinación, había sufrido una recaída. A propósito de esta depresión, su marido, Leonard Woolf escribe: “Una depresión desesperada se había instalado en la mente de Virginia; sus pensamientos se disparaban más allá de su control; estaba horrorizada por la locura (…) La única posibilidad para ella era ceder y admitir que estaba enferma…” (Leonard Woolf, La muerte de Virginia, Edit. Lumen, pg. 104). Es conocido por los lectores del Diario de Virginia Woolf que ésta escuchaba voces.

—La desestabilización doméstica a causa de la guerra. En septiembre de 1940 (cinco meses antes del suicidio), la casa de los Woolf en 37 Mecklenburgh Square, Londres, había sido parcialmente destruida por una bomba. Resulta natural la depresión de Virginia ante el deterioro de sus libros y otros objetos queridos. A consecuencia de la destrucción de la casa el matrimonio se mudó al campo (Monks House), donde Virginia nunca estuvo a gusto, mientras las instalaciones de Hogarth Press, que también funcionaban en Mecklenburgh Square, fueron trasladadas a Lechworth, Herfordshires.

—La guerra había hecho estragos en la estabilidad matrimonial de los Woolf. Los viejos amigos del Grupo de Bloomsbury se encontraban dispersos. Como Leonard Woolf era judío, la pareja estaba preparada para suicidarse antes de caer en las manos de los alemanes (Ver el Diario de Virginia y la Biografía de Quentin Bell), guardaban unas pastillas de cianuro y tenían suficientes reservas de gasolina en el garaje donde pensaban encerrarse y encender el coche para morir afixiados con el monóxido. También, Adrian Stephen, hermano de Virginia, les había proporcionado una dosis letal de morfina (Ver: Biografía…, Vol. II, pg. 339).

—Por último, habría que considerar la tendencia de Virginia al suicidio, manifiesta en varias ocasiones. El primer intento de suicidio fue en Mayo de 1904, a los 22 años, lanzándose por una ventana, poco después de la muerte de su padre, Leslie Stephen, acaecida el 22 de Febrero de 1904. El segundo intento fue la noche del 9 de Septiembre de 1913, a los 31 años, ya casada con Leonard Woolf, cuando su primera novela (The Voyage Out, publicada en 1915) estaba en manos del editor Duckworth. Esa noche Virginia ingirió una dosis letal de Veronal (60 grs). Un tercer intento, ocurrió después de haber sido declarada la Segunda Guerra Mundial, a fines de 1939. Esa vez Virginia llegó empapada de su paseo habitual…

Cuando Virginia Woolf trabajaba en “The Hours”, título inicial de la novela que posteriormente cambió a “Mrs. Dalloway”, escribió en su diario, el Martes, 19 de Junio de 1923: “En esta obra quiero ofrecer vida y muerte, sanidad y locura (…) Estoy escribiendo The Hours con una honda emoción. Confieso que la parte de locura me pone tan a prueba, exprime mi mente de tal forma (…) Para retornar a The Hours, preveo que será una lucha endiablada. El plan es tan extraño y dominante…” (Diario de una Escritora, pgs. 61—62). El cambio de título (de “The Hours” para “Mrs. Dalloway”) ocurre un año antes de la publicación de la novela. En la entrada del Viernes, 15 de Agosto de 1924, Virginia se refiere por primera vez al nuevo título, “Mrs. Dalloway”. De allí en adelante nunca más volverá a referirse a “The Hours”.

Publicada en 1925, Mrs Dalloway es la primera gran novela de Virginia Woolf, seguida por To the Lighthouse (1927); Orlando: A Biography (1928), “The Waves” (1931) y “Between the Acts”, publicada póstumamente en 1941. Considerada por los críticos como la más lograda de sus obras, la novela narra un día en la vida de Clarissa Dalloway, una inglesa de clase alta, casada con un parlamentario, Richard Dalloway, que decide ofrecer una fiesta el día 23 de junio de 1923. Esta novela ha sido comparada con el Ulises, de James Joyce, por lo innovador de la forma y por tratarse de la descripción de un solo día en la vida del personaje.

El día comienza con un paseo de Clarissa por la ciudad de Londres. A la vez que derrocha glamour y belleza, “Mrs. Dalloway” deja entrever al lector, como en un espejo retrovisor, esa otra realidad, ese otro mundo que la autora se ha empeñado en transformar y maquillar en un alarde de pasión esteticista, esa cruda realidad que nos sorprende implacable con el teatral suicidio del joven Septimus Warren Smith, vencido por el pánico a su regreso, aparentemente ileso, de la guerra, en contraste con la estulticia de los demás personajes (Richard Dalloway, Elizabeth, Perry Walsh y Doris Killman, entre otros), unidos en sus vidas previsibles, inconscientes, sin escapatoria posible para la estolidez que los domina…

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