Roberto Echeto y sus maniobras elementales, por Héctor Torres

13/ 03/ 2017 | Categorías: Destacado, Sobre libros

No sé dónde leí aquello de que “no vemos el mundo como es, sino como somos”.  Después de todo, las redes sociales son una fábrica de citas con paternidad irresponsablemente adjudicada. En todo caso, lo cierto es que, partiendo de esa sentencia que se me antoja innegable, cada libro termina por ser una representación fidedigna del universo de su autor.

Eso se pone de manifiesto cuando se recorren las páginas de Maniobras elementales, el título con el cual Roberto Echeto ganó la XV edición del Premio Transgenérico organizado por la Fundación para la Cultura Urbana, y publicado el año pasado por ese mismo fondo, que ya le había publicado en el 2003 su libro de cuentos Breviario galante (por recomendación especial del jurado de la 3ra edición de dicho concurso).

Maniobras elementales es uno de esos libros cuyos conceptos y afirmaciones pueden producir incomodidad en ciertos lectores, pero desarrollados con una prosa tan cercana y franca, tan musical y apasionada, que incluso ante esos pasajes frente a los cuales nos sentimos en desacuerdo con el autor, la belleza de la escritura tiende un puente y nos hace bajar la guardia, haciendo que recibamos sus alegatos sin ceder al impulso de interrumpirlo.

Cosa nada fácil, en un mundo donde la gente está cada vez menos dispuesta a escuchar al otro.

En otras palabras, Echeto esboza, a lo largo de las 230 páginas de Maniobras elementales, un bien logrado ejercicio de retórica que nos sitúa en una perspectiva desde la cual podemos ver ese mundo que ve él. Y es eso, que no es fácil lograr, lo que debería buscar cada libro: ofrecer un universo cerrado, igual o diferente al universo del lector, pero en donde todo está en su lugar, como bien lo señalara Tomás Eloy Martínez.

Dividiendo el volumen en cuatro partes, Echeto diserta en Maniobras elementales acerca de la música, el ruido, la belleza, la ciudad, la sociedad y el arte contemporáneo, valiéndose de una prosa que, sin renunciar a sus posiciones personales, se despliega con gracia, para volver inevitable el viaje al que nos invita.

Dicho esto, hay que señalar que Maniobras elementales es un libro lleno de ideas, que se propone lo que debería buscar la literatura: movernos, del territorio desde donde estamos, a otros que no conocemos, o que no nos habíamos propuesto visitar. Que es otra forma de decir que nos ofrece perspectivas con las que no siempre vamos a estar de acuerdo. Lo cual está bien, porque estar de acuerdo acaso nos serviría para propiciar ese instante de satisfacción que produce un imprevisto y ligero asentimiento de cabeza, ese que sucede cuando tropezamos con esos paisajes que son cercanos a nuestros territorios.

Pero es en los otros (los desconocidos, o los que estaban ahí y no nos habíamos detenido a contemplar) que se producen las revelaciones, los hallazgos, las novedades del misterioso mundo que nos rodea. Y eso siempre se agradece. En esos paisajes, en esos temas, donde no habíamos reparado, es que el libro (todo libro) produce el placer de la genuina aventura. Una aventura que transcurre sin movernos de donde estamos aunque siempre nos llevan a otro sitio.

Y esa es de las cosas que siempre se agradecen en un libro.

Maniobras elementales es un libro que dibuja a su autor de manera precisa. O, dicho al revés, el dibujo del mundo que produce el libro nos permite ver el proceso desde donde se realizaron los trazos, señalándonos, además, la honestidad con la cual fue escrito. Y allí tropezamos con un Echeto huraño a ratos, cuando se enfrenta al desencanto que le produce el mundo de los hombres, pero también un Echeto maravillado, divertido como niño y hasta capaz de una increíble ternura, cuando se detiene a hablar de los árboles o de la capacidad de creación del hombre. Personajes (creadores y árboles) que comparten en común la vida en soledad y su oposición (elegida o involuntaria) a un mundo lleno de reglas absurdas, imposturas banales y deidades de cartón piedra.

Y esas sensaciones nos persiguen a lo largo de todo el volumen. Es un copioso manifiesto, escrito como el que conversa solo en un banco de plaza o en una barra de bar, con la franqueza del que desea compartir sus hallazgos con el que quiera oírlo, al precio de no encajar, de no parecer lo suficientemente sofisticado o, al contrario, de parecer demasiado pretencioso. Es un libro, en fin, que no busca gustar con sus afirmaciones, pero que las expone de forma tal que demuestran ser producto de ideas añejadas en la mente del autor. Es decir, son el paciente resultado de un demorado diálogo íntimo.

Y aunque, como ya se había explicado, se divide en cuatro partes, el libro tiene posiblemente un único tema: la belleza. O la poesía que, como bien apunta el autor, es “un misterio que produce luz a partir de las formas oscuras que nos ocupan”.

Al respecto, Echeto afirma que “un artista es alguien entrenado para ver distinto, hacerse preguntas distintas y retar las posibilidades de los materiales con los que trabaja para mostrar sus ideas y sus posibles descubrimientos. No se es artista simplemente porque se pinte, se escriba, se recorte, se pegue, se filme, se edite, se cante, se cuente… Hace falta algo más y ese algo más tiene que ver con pensar distinto con respecto a todo” y este, abriendo más el foco, termina siendo el gran tema que acompaña al libro: un gran homenaje al que es capaz de pensar distinto. Con todos los riesgos que eso entraña, con toda la valentía que eso requiere.

Maniobras elementales fue escogido de forma unánime por un jurado compuesto por tres lectores de indiscutible solvencia: Oscar Marcano, Ricardo Ramírez Requena y Carlos Sandoval, pero al margen de ese bien merecido reconocimiento, debo decir que es un libro que pone al lector a pensar, a contrastarse, a dialogar consigo mismo. Y lo hace con buena prosa, lo cual produce ese singular disfrute de la lectura. Y ese es suficiente motivo para recomendarlo sin reserva.

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Un Comentario a “Roberto Echeto y sus maniobras elementales, por Héctor Torres”

  1. Eney Silveira Morales says:

    A pesar de no haber leído la obra, me atrevo a afirmar que la misma es interesante. Una literatura que busca acercamiento entre la obra y el autor, se convierte per se en un recurso comunicacional donde la palabra es el medio para establecer identidades entre ambos protagonistas: el autor y el lector. Saludos …

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