Sobre el Premio de la Crítica 2012, por Luis Barrera Linares

22/ 09/ 2013 | Categorías: Destacado, Opinión

novelasComo autor y como lector de novelas, busco en ellas tres componentes mínimos: un discurso atractivo, una forma que se salga de lo convencional y alguna sintonía con el lenguaje del momento en que se la escribe. Aunque se crea lo contrario, aprecio altamente a los autores que se arriesgan lingüísticamente y que escriben alejados de pre-juicios y normas establecidas.

Desde hace varios años he venido apreciando el interés de muchos venezolanos por dejar “su testimonio” acerca del actual acontecer venezolano. Médicos, abogados, ingenieros, teatreros, periodistas, figuras de la televisión (o de los medios en general) y muchos otros profesionales pre-sienten que la mejor manera de hacerlo es escribiendo esa especie de “textamento” que desean legar a las generaciones venideras. Y asumiendo que se trata del género más “fácil” escogen entonces la novela como formato. Éditas e inéditas, las he leído de todos los calibres y desde múltiples enfoques. Y aunque no todas son lo que esperamos de una novela, al menos parece que sus autores-as tienen buenas intenciones. No obstante, en la literatura no bastan las buenas intenciones.  Otro fenómeno diferente es el de los editores dispuestos a convertir en escritor-a a cualquier figura periodística,  televisiva o radiofónica que garantice ventas. También los conminan a escribir “novelas” acerca de cualquier tema, por muy banal que sea o por muy poca experiencia que tengan en el oficio. Eso sí como que no convence mucho. Porque en ese ejercicio de pescar en río revuelto, hay quienes confunden la novela con la telenovela, sin cerciorarse de que se trata de géneros diferentes, con distintos propósitos y escritos para soportes muy distintos.

Si a esto agregamos lo que producen y publican quienes de verdad se dedican a la escritura literaria, pues es obvio que el inventario de nuestra novelística sea considerable en estos tiempos.  No tengo números a la mano, pero si es por mis lecturas, sospecho que en el país se publican actualmente más de 30 novelas al año. Sean o no de verdaderos y muy responsables practicantes del género, la Venezuela de este tiempo tiene novelistas como arroz. La muestra del Premio de la Crítica de este año 2012 así lo ha ratificado. De todo como en botica. Y para gustos diversos, aunque no todas convincentes. Tres o cuatro de ellas tienen tono de telenovela, otras tantas lucen como desahogos de autores ajenos a la literatura. Algunas escritas para los fugaces 15 minutos de gloria (si los hubiere), otras para la permanencia. Y el inventario era apenas de 15 libros.

Lo que sí debo ratificar como lector es que en ese pequeño universo nos tropezamos con obras de varios autores que muy claro tienen lo que es la escritura como actividad no diletante. Independientemente de diferentes tratamientos formales y lingüísticos, la muestra ha sido evidencia del rumbo temático actual de la novela venezolana: violencia, crimen e inseguridad, hechos histórico-políticos “recuperados” y llevados a la ficción, caos urbano y decadencia social, expatriación, ancestros, taras psíquico-sociales. Con distintos niveles de logro, abordaje lingüístico y grado de identificación con los lectores de este tiempo, algo tendrán que ver con el futuro, las cinco que hemos seleccionado como finalistas y unas dos o tres más de las que recibimos. Eso es altamente positivo; representa una mitad de la muestra. La que ya vislumbramos como ganadora, resume mucho del conjunto, principalmente por la sintonía demostrada entre época y lenguaje. Bien que representa a la totalidad. A mi juicio, contiene los tres componentes referidos al comienzo.

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