Piedra de mar, de Francisco Massiani

21/ 07/ 2013 | Categorías: Destacado, Fragmentos de novelas

piedra de marEstoy en la playa. He vuelto al mar. Escribo en un cuaderno que me traje. Me cuesta un poco escribir porque tengo sueño. Kika me dejó y se fue a Caracas. Yo me quedé, y mañana la veré. Ojalá llegue temprano. Me gustas mucho, Kika. En serio. Pero antes que nada voy a contar lo que sucedió el domingo por la noche.

Después que escribí, después que regresé con José al departamento y escribí, me eché en la cama y me quedé rendido como hasta las siete de la noche. Al despertarme había llegado Kika, Lagartija, Julia y Nancy. Ya ustedes lo saben. En todo caso era una información breve para ti, Carolina, porque tú no estabas. Lagartija llamó a José mientras yo dormía, para preguntarle si podía traerse a Betty. José le dijo que sí, y Lagar llegó con Betty y usaron el cuarto del papá de José. Mientras gozaban de las suyas, yo dormía y José esperaba a Julia en la calle. Luego terminó y se fue con su mujer. Al llegar al primer piso se encontró con Nancy, que venía subiendo, y se armó el lío. Ahora Lagartija está muy preocupado y Nancy llora.

Más tarde me desperté, Kika llegó un poco tarde. Llegó como a las ocho. Cuando llegó, Marcos la invitó a bailar, y yo me quedé en el suelo. Ya no estaba triste por lo de Carolina, sino por Kika. Porque en ese momento, Kika, te quería más que a nadie. Como tú seguías bailando con el enano, me fui a la cocina y me serví un palo. Seguí tomando como un cretino hasta que entró. O sea, que entró Kika. Me preguntó. Me acuerdo que me preguntó:

—Oye, ¿qué te pasa?

Con la voz más dulce del mundo, y la tristeza me hundió de nuevo. Estaba realmente triste. Kika se sentó conmigo, y después abrió una lata de sardina. Bueno. Se comió la sardina y yo seguía tomando. Llegué a estar bien borracho. Estaba rascadísimo. Palabra. Estaba que me caía y veía doble. Pero quería rascarme completamente y le dije:

—¿Kika?

Que sí:

—Kika… ¿Qué tal si nos rascamos? ¿Qué te parece?

Y Kika se sonrió.

Siguió con las sardinas, pero yo ya no me sentía tan mal. Claro que estaba rascado. Y hasta sentía celos por las sardinas. Pero la sonrisa me ayudó. Me ayudó mucho. Me acuerdo que estuve a punto de besarla, de abrazarla, pero ella jugaba con un plato, y el jueguito del plato me descontroló. Lo que hacía con el plato era lo siguiente: con el mango de una cuchara, empujaba el plato hasta la orilla de la mesa, y justo cuando el plato se caía, pam, le daba un golpecito con la otra mano y entraba en equilibrio.

Le dije varias veces:

—¡Kika, por favor, deja el plato!

Pero insistía en el jueguito y me desarmaba. También Marcos me desarmó con su sonrisita estúpida. Pero eso sucedió más adelante. Por cierto: Julia supo que Lagartija había metido a una mujer en el departamento y a cada rato gritaba:

—¡Y dejas meter a esa bicha en tu propia casa! ¡Y no sólo en tu casa, sino en la cama de tus padres!

Y José se partía de risa.

Bueno. Lo que quería contar de Marcos es lo siguiente: cuando salí de la cocina, me fui al cuarto de José, pero José estaba con Julia. Se estrujaban, se mordían y rascaban como perros sarnosos. José se dio cuenta y se separó de Julia con un brinco:

—¡Imbécil!

Que si cómo se te ocurre entrar… Por qué no tocas la puerta, animal… ¿no?, y me fui al baño. Adentro me quedé contando los cuadritos hasta que me dieron ganas de hacer pipí. Cuando saqué el pajarito, y comencé que si: “Pis, pis, pis…”, entró el enano y también se puso a orinar. Orinaba en el bidet y se reía. Es algo raro, pero es verdad: cuando hay alguien extraño, no puedo orinar. Si por ejemplo conozco a una persona y me cae mal, no puedo orinar delante de ella. Cuando quiero probar si alguien es amigo mío, o no, lo invito a mear conmigo. Si el chorrito sale: bien, es amigo mío. Si me tranco a pesar de hacer mil pis, quiere decir que no es amigo mío. Yo conozco a Marcos desde hace como cuatro años, pero de todos modos no pude orinar delante de él. Resultado: no es amigo mío. Bueno. Esperé a que saliera y tranqué la puerta. Entonces hice pipí, y después que hice pipí me senté nuevamente en el water a pensar. Quería pensar. Quería saber de mí. Necesitaba saber quién era porque estaba medio rascado y en un estado de excitación absoluta. O sea que Kika me tenía loco. Estaba completamente chiflado por ti, Kika, y te amaba con locura. Por eso necesitaba saber qué diablos podía hacer para conseguirte. Así que respiré y boté el aire lentamente. Lo repetí diez veces, hasta que José entró, orinó y volvió a salir. Cuando José se fue, me quité la camisa y me puse delante del espejo a ensayar poses. le decía a Kika imaginariamente:

—Kika, yo te amo. No huyas. Ven antes que la piel se pudra —que es la frasecita de la película y es buenísima.

O bien:

—La ciudad nos pertenece, Kika. La ciudad nos pertenece. Es nuestra porque nosotros somos los que la amamos.

hablaba conmigo y ensayaba poses, y de repente se me ocurrió una idea buenísima: aparecer con el pecho desnudo, y con rayas en la piel como los indios. Así que cogío la pasta de dientes y me llené de cicatrices blancas. Claro que me daba un poco de frío, pero valía la pena. De este modo, Kika se impresionaría. Dos: al bailar tocaría mi cuero pintado y caería derrumbada por mis besos. Nada. No había tiempo que perder. Abro la puerta y aparezco en escena. Apenas Kika me ve, una risa libre. Marcos también ríe con envidia y Kika baila conmigo. pero cuando terminé de bailar con Kika, José llegó a la sala y me gritó:

—¡Ahora te pones la pasta de dientes!… ¡Tú como que estás loco!

Así que me puse mi camisa y volví a la sala normalmente. Kika y Marcos hablaban y bailaban muy juntitos. Y como si nada, me siento nuevamente en el suelo. Pero cuando terminan de bailar, Kika se me acerca y me dice:

—Marcos dijo que eras un payaso.

—¿Cómo?

—Que tú eras un payaso.

—Así es la cosa, ¿no?

Me paré y le grité al enano:

—Mira, Marcos… ¿Tú y que dices que soy un payaso, no?

—Sí… ¿Y qué?

—Que si sigues dándole a la lengua te voy a aplastar.

—¿Cómo?

—Que te voy a aplastar, enanito.

Se río y la risa me desarmó.

Entonces volví a sentarme en la sala. Ya no me provocaba nada. Kika creo que se dio cuenta porque se me acercó y me dijo:

—¿Oye? ¿Qué te pasa, vale?

Ya saben que no puedo hablar cuando me siento muy mal. Me levanté y me fui hasta el cuarto del papá de José. Ahí dejó José la pistola. la saqué de la gaveta de noche y me la puse en el pecho y me dije:

—Bueno. ¿Por qué no te matas de una vez?

Claro. Ya sé. Ustedes van a pensar que es puro cuento. Pero palabra que quería matarme. ¿Cómo les explico? Me sentía tan mal que me dio flojera apretar el revólver.

Recuerdo que apagué la luz y me senté. Quería saber qué diablos me ocurría. De pronto alegre. De pronto mal. ¿Qué me sucede? ¿Por qué tantas cosas al mismo tiempo? Cogí el revólver nuevamente y me lo coloqué en el pecho. Estaba temblando. Recuerdo que me dije:

—¿Por qué no quieres vivir?

Y no supe cómo responderme.

De pronto sentí ruidos y una sombra de mujer: Kika. Kika espiándome. Me dijo. Me habló muy suave:

—Corcho…

Me asusté.

—Corcho —decía—. ¿Qué te pasa, vale? ¿Por qué haces eso?

Tampoco le respondí. Kika se sentó junto a mí.

—Dame el revólver.

—¿Para qué?

—Dámelo. Dame esa pistola.

Se la dí. Kika la guardó en la gaveta de la mesa de noche. Después volvió a sentarse a mi lado y me dijo:

—¿Por qué haces eso?

Yo no podía responderte, Kika. No podía hablar. Quería morir. Quizá te parezca estúpido, pero es verdad. Tampoco es verdad. O sea que no sé. Yo me decía:

—¿Quieres vivir?

Y me respondía:

—No.

Y después:

—¿Quieres matarte?

—No. Tampoco.

¿Comprendes? Ni siquiera sabía si quería vivir o no. Estaba peor que nunca y volví a llorar. Kika se levantó de la cama y prendió la luz. Vi que también lloraba y le pregunté:

—Oye, Kika…, ¿por qué lloras?

Y me dijo así mismo:

—¡Qué sé yo!

Eso fue todo. Después se fue del cuarto y me quedé solo. En mi vida creo yo que me he sentido peor. No tenía fuerzas para nada. Estaba como desinflado. Sin músculos. Sin nada. Me fui al cuarto de José, y después de tres horas, cuando se fueron todos, me eché en la cama y ahí, en la oscuridad, me mordió el diablo.

Piedra de mar (Monte Ávila, 1968)

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7 Comentarios a “Piedra de mar, de Francisco Massiani”

  1. ¡Excelente, excelente narrativa! La palabra bien manejada, y buen soporte de contenido…

  2. nirianny duarte says:

    me encanta esta novela no estuve tan interesada en ella pero tuve que leerla porque me mandaron a leerla en el liceo

  3. mariana says:

    buenas noches quiero saber la respuesta es el autor de piedra de mar

  4. sameul says:

    muy buena la puse con musica relagante y fue algo increible esta lectura

  5. silvania cordonez says:

    hola esta novela parece interesante, pero quisiera saber ¿en que persona se narra la novela? 1, 2, o 3 persona

  6. miguel says:

    que buena la novela

  7. michell lezama says:

    Si estubo, buena nunca la fuera leido, pero la tube q leer porq me mandaron a leerla en el liceo .!! Estuvo CHEVERE

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